Cada vez que ves el nombre JBL en una bocina, un monitor de estudio o un sistema de cine, estás viendo las iniciales de un hombre que murió arruinado, un año antes de que su empresa se convirtiera en sinónimo de alta fidelidad.
Esta es la historia técnica de James B. Lansing: de dónde salió, qué inventó realmente, y por qué su muerte no ocurrió cuando la mayoría de la gente cree.
¿Quién fue James B. Lansing?
No nació con ese nombre. Nació como James Martini, el noveno de catorce hermanos, en Greenridge, un pueblo minero de carbón de apenas 300 habitantes en Illinois. Su padre era ingeniero de minas, lo que obligaba a la familia a mudarse constantemente.
Desde niño mostró una habilidad mecánica que no encajaba con su entorno. A los 10 años construyó una botella de Leyden —un condensador rudimentario— para darles toques eléctricos a sus compañeros. A los 12, construyó un transmisor de radio casero con tanta potencia que interfirió con las comunicaciones de la Estación Naval de los Grandes Lagos. La Armada rastreó la señal hasta su casa y desmanteló el equipo.
En su adolescencia vivió un tiempo con la familia Bullough en Illinois, y de ahí tomó su segundo nombre. Años después adoptaría “Lansing” como apellido —nadie sabe con certeza por qué, aunque se especula que fue por un periodo trabajando en Lansing, Michigan.
Trabajó como mecánico automotriz antes de que la muerte de su madre, en 1924, lo empujara a mudarse a Salt Lake City. Ahí, trabajando como ingeniero de radio, conoció a dos personas que definirían el resto de su vida: su futura esposa, Glenna Peterson, y Ken Decker, el socio con el que fundaría su primera empresa de bocinas.
Lansing Manufacturing Company: los años de garaje
El 9 de marzo de 1927, Lansing y Decker registraron la Lansing Manufacturing Company en Los Ángeles. Al principio era literalmente una industria casera: la familia de Lansing armaba conos de papel y enrollaba bobinas de voz en su propia casa por las noches, y al día siguiente llevaban las piezas a un pequeño taller para el ensamblaje final.
El estreno de The Jazz Singer ese mismo año disparó la demanda de sistemas de sonido para cine. Lansing Manufacturing entró de lleno en ese mercado, y para 1935 ya competía directamente contra los gigantes RCA y Western Electric.
El Shearer Horn: cuando Lansing venció a Western Electric
El sistema de sonido estándar para cines en los años 30 sufría un problema serio: los graves y los agudos viajaban por trayectorias de distinta longitud dentro del sistema de cuernos, generando retrasos de fase que hacían sonar los diálogos huecos y desenfocados.
Douglas Shearer, jefe de sonido de MGM, contrató a Lansing y a su equipo para resolverlo. El resultado fue el Shearer Horn: un sistema de dos vías con un cuerno multicelular para agudos que dispersaba el sonido de forma uniforme por toda la sala, evitando el “haz” estrecho típico de los cuernos simples.
La pieza clave —y la más ingeniosa— fue el corrector de fase. Western Electric tenía patentada una solución con ranuras circulares concéntricas. Para esquivar ese monopolio, Lansing diseñó un corrector de fase de ranura radial, con aberturas que irradiaban desde el centro como los rayos de una bicicleta. No solo evitó el litigio: funcionó mejor. El sistema ganó un premio Científico y Técnico de la Academia en 1936.
La era Altec Lansing (1941–1946)
Sin Decker —que murió en un accidente aéreo en 1939— la empresa perdió su ancla financiera y entró en crisis. En 1941, Altec Service Corporation la compró por 50,000 dólares. Lansing se quedó como Vicepresidente de Ingeniería, bajo un contrato de cinco años.
Paradójicamente, este fue su período más productivo como ingeniero puro: sin las presiones de nómina y proveedores, perfeccionó procesos de manufactura y contribuyó al icónico sistema de cine A-4 Voice of the Theatre.
El nacimiento de JBL (1946)
El día exacto en que expiró su contrato con Altec —el 1 de octubre de 1946— Lansing renunció y fundó su propia compañía: “Lansing Sound, Incorporated”. Altec, dueña de los derechos comerciales del nombre “Lansing”, lo demandó. El acuerdo extrajudicial obligó a Lansing a rebautizar la empresa como James B. Lansing Sound, Incorporated. Las siglas se acortaron con el tiempo a JBL.
El D130: el primer diseño 100% original de JBL
Los primeros productos de JBL fueron básicamente copias de los diseños que Lansing había hecho en Altec. Pero en 1947 llegó el D130, su primer altavoz completamente original — y la pieza que definiría el sonido de la marca durante más de 55 años de producción continua.
Tres decisiones de ingeniería lo hicieron histórico:
- Imán de Alnico V: una aleación de aluminio, níquel y cobalto desarrollada originalmente para radares en la Segunda Guerra Mundial. Le daba al altavoz una densidad de flujo magnético altísima, lo que se traduce en más sensibilidad y mejor control del transitorio — el mismo principio que hoy explicamos cuando hablamos de factor de amortiguamiento: entre más control tiene el motor del altavoz sobre el cono, más rápida y definida es la respuesta.
- Bobina móvil de 4 pulgadas: el doble del estándar de la época. Acercaba el motor al borde del cono, reduciendo la flexión mecánica y mejorando la disipación de calor.
- Hilo plano enrollado de canto: en vez de usar hilo cilíndrico (que deja huecos de aire entre cada vuelta), Lansing usó hilo de sección rectangular. Esto maximizó la cantidad de conductor dentro del entrehierro magnético, disparando la eficiencia del altavoz.
El D130 era tan eficiente que Leo Fender, fundador de Fender, lo eligió como el único altavoz capaz de aguantar la potencia de sus nuevos amplificadores de guitarra — de ahí nació la variante D130F, la entrada de JBL al mundo del audio para instrumentos.
La muerte de Lansing: aclarando el error más común
Aquí hay una confusión que se repite mucho: mucha gente asume que Lansing murió en 1946, el año que fundó JBL. Es falso. Lansing murió tres años después, el 24 de septiembre de 1949, a los 47 años.
JBL nunca logró estabilidad financiera bajo su dirección. Para 1949 la empresa arrastraba deudas de más de 20,000 dólares, se había mudado de local cuatro veces por falta de pago de renta, y su principal inversor —Marquardt Aviation— acababa de ser vendido a General Tire, que cortó cualquier apoyo. Lansing, un ingeniero brillante pero un pésimo administrador, no soportó perder el control de su empresa por segunda vez en la vida.
El 24 de septiembre de 1949, siguiendo su rutina de fin de semana, visitó a su hermano y luego se dirigió a su rancho en San Marcos, California, donde se quitó la vida ahorcándose en uno de sus árboles de aguacate.

El legado que sobrevivió gracias a un seguro de vida
Lansing había contratado años antes una póliza de seguro de vida de 10,000 dólares, con su propia empresa como beneficiaria. Ese dinero le dio a William H. Thomas —el administrador que Marquardt había puesto en el consejo de JBL— el oxígeno financiero para estabilizar la manufactura y comprarle a la viuda de Lansing su parte de las acciones.
Bajo Thomas, JBL pasó de sobrevivir a dominar: el Paragon (1958), el monitor de estudio 4310 (1968), y el L-100 —que vendió más de 125,000 pares solo en la década de los 70— construyeron la reputación que la marca sigue teniendo hoy. En 1969, tras su presencia en Woodstock, Sidney Harman adquirió la compañía, integrándola a lo que hoy es Harman International.
El radiador pasivo: la tecnología que JBL no inventó, pero perfeccionó
Aquí vale la pena aclarar algo que se malinterpreta seguido: el radiador pasivo no es un invento de JBL.
La tecnología fue patentada en 1935 por Harry F. Olson, físico de RCA (patente US 1,988,250, “Loud speaker and method of propagating sound”). Durante décadas fue poco más que una curiosidad de laboratorio.
Un radiador pasivo es, físicamente, casi idéntico a un altavoz normal: tiene cono, suspensión y araña. Lo que no tiene es motor magnético ni bobina de voz — no recibe señal eléctrica. Funciona bajo el principio del resonador de Helmholtz: el aire comprimido dentro de la caja por el altavoz activo empuja el cono pasivo, que vibra en fase y refuerza los graves.
| Bass-reflex (puerto) | Radiador pasivo | |
|---|---|---|
| Ruido de aire a alto volumen | Sí (chuffing) | No |
| Tamaño de caja necesario | Requiere tubo largo en cajas pequeñas | Se ajusta con masa, no con longitud |
| Costo de manufactura | Bajo | Más alto |
| Caída de graves bajo la sintonía | Más suave | Más pronunciada |
JBL adoptó y perfeccionó esta tecnología con fuerza en los años 70 y 80, en monitores grandes como el L150. Pero su aplicación más relevante hoy es otra: como las líneas Flip, Charge, Xtreme y Boombox necesitan sellado hermético para su certificación IP67 (resistencia al agua), es físicamente imposible meterles un puerto bass-reflex tradicional. El radiador pasivo —muchas veces visible en los laterales del chasis— resuelve ese problema sin comprometer la impermeabilidad.
Un genio técnico, un mal empresario
La historia de Lansing es la de alguien capaz de resolver problemas electromagnéticos y de dinámica de fluidos con una intuición asombrosa, pero incapaz de sobrevivir a la parte administrativa de dirigir una empresa. Murió sin ver a JBL convertirse en lo que es hoy. Pero cada altavoz Alnico V, cada bobina de hilo plano y, sí, cada bocina Bluetooth con radiador pasivo visible, sigue cargando su forma de pensar el sonido.
Si quieres ver el documental completo sobre la historia de JBL con todo el contexto visual, lo cubrimos a fondo en el canal — aquí nos enfocamos en los datos técnicos y el análisis de ingeniería que el formato de video no permite desarrollar con el mismo nivel de detalle.
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